FLORES EN MAYODespedí abril de vacaciones en León, brindando en el Barrio húmedo con cortos (que acabaron siendo largos...muy largos) de cannei. Desperté al día siguiente con todas las consecuencias que conlleva beber como una adolescente: resaca de adulta, documentos gráficos que certifican los efectos del alcohol en mi organismo y la regla, siempre tan inoportuna.
Me dopé con cocacola y ibuprofeno para seguir disfrutando de la ciudad y de una compañía excepcional, de ésas que te hacen concebir el tiempo de otra manera, como si los minutos sólo contaran por momentos de felicidad.
El primer día de mayo dejamos, con esa punzadita que suponen las despedidas, Salamanca para cruzar la España profunda hasta Vinaròs. Parada obligada en Ávila para ver a Julia, que borró con un abrazo todo un año de ausencia. Encantadora, como siempre.
Volveremos a vernos a finales de mayo, de nuevo en León, con la excusa del baloncesto para hacer del reencuentro toda una fiesta.
Voy saltando por los días de mayo como piedras en un riachuelo, porque es el mes de las flores y porque, definitivamente, ha llegado la primavera.