La otra orilla

lunes, julio 23, 2007

DOS VERSIONES PARA LA MISMA HISTORIA

CASI UN CUENTO
Él susurró que lo mejor sería
no enamorarse,
ella no le llevó la contraria,
para qué si se sabía vencida.
Ante todo se dejó acariciar
por sus manos manchadas de ternura.
Eso sí,
no se enamoró de sus manos.
Más tarde no impidió que sus labios
muy lentos la abrasaran,
pero tuvo cuidado,
no se enamoró de sus labios.
Y aunque tampoco se opuso a que su lengua
la hiriera sin remedio,
no se enamoró de su lengua
ni de sus ojos ni de su voz
ni de la palidez que le subía a la cara
entre los besos,
esa palidez que a ella más y más le arañaba.
Pero tuvo cuidado y no se enamoró.
No, no se enamoró.
Para qué si se sabía vencida.
Una y otra vez volvieron a encontrarse.
Sin amor.
Eso sí,
felices como niños.
DÍAS IMPREVISIBLES
A tu lado
no se conoce la costumbre.
Eres imprevisible
como las nubes.
Vas rompiendo los días
para aclarar sus luz.
Eres un viento
suave que arranca
a su paso las hojas
de mi corazón.
Todo me lo devuelves
recién hecho,
igual que las sorpresas.
(Poemas de Mª Angeles Mora)