YO MISMO
Yo mismo
me encontré frente a mí en una encrucijada.
Vi mi rostro
una obstinada expresión, y dureza
en los ojos, como
un hombre decidido a cualquier cosa.
El camino era estrecho, y me dije:
"Apártate, déjame
paso
pues tengo que llegar hasta tal sitio".
Pero yo no era fuerte y mi enemigo
me cayó encima con todo el peso de mi carne,
y quedé derrotado en la cuneta.
Sucedió de aquel modo y nunca pude
llegar a aquel lugar, y desde entonces
mi cuerpo marcha sólo, equivocándose,
torciendo los designios que yo trazo.
ÁNGEL GONZÁLEZ





