La otra orilla

domingo, febrero 11, 2007



PORQUÉ TE COJO DE LA MANO

Todas las mañanas entrábamos en el baño por orden cronológico. A los que todavía íbamos al cole nos tocaba hacer cola, momento que aprovechábamos para tener las primeras discusiones. Yo iba detrás de mi hermano Carlos y, mientras esperaba mi turno, apoyaba la cabeza en el marco de la puerta y me quedaba embobada mirando cómo se lavaba las manos. Dejaba deslizar el jabón entre sus dedos, una y otra vez, en un ejercicio completamente inusual para un niño de su edad. Cuando acababa, lanzaba un chasquido de agua sobre mi cara, "¡te toca!". Conseguía arrancarme la primera sonrisa del día.

Me encantaban sus manos y no tardé en darme cuenta de que no sólo me gustaban las suyas, sino que me llamaban la atención en general. Recuerdo especialmente las de una monja de mi colegio, suaves, blancas y que nunca envejecían. Las de mi padre, que desprendían tanto calor que parecía que llevaba guantes cuando paseábamos por la calle.

Observarlas se ha convertido, hasta hoy, en una costumbre rutinaria. Es en lo primero que me fijo cuando conozco a una persona.Incluso casi antes de mirarle a los ojos, le miro las manos.

Me gustan las manos que seducen sin tocarte y al tocarte, las que hablan o las que transportan a las palabras para hacerlas más comprensibles.

Me gustan las manos que abrazan, las que buscan un punto de apoyo para escucharte atentamente, las que se ofrecen a acompañarte en la rutina, las que te invitan a entrar o a salir, las que te piden que te quedes.

Coger de la mano a las personas que quiero se ha convertido para mí en una forma de abrazar. No sé si por defecto de cariño o por exceso de timidez, el caso es que la extensión completa del brazo para abarcar todo lo posible a la otra persona, me cuesta horrores. En su defecto acerco mi mano todo lo que puedo, la acoplo, la rozo o juego con los dedos para que sepan, en este diálogo aparentemente mudo, lo mucho que las quiero o las necesito.







2 Comments:

At 1:39 p. m., Anonymous Anónimo said...

las manos dicen tanto de una persona, ¿verdad?

 
At 10:22 p. m., Blogger vanadis said...

A mí me pasa algo parecido con los mentones de la gente. Me encantan!
Siempre me fijo en el mentón y la mandíbula de la persona que me presentan, y tengo por supuesto mis preferidas, los TOP ONE ;)
Eso sí, no es tan fácil comunicarme mentón con mentón con nadie, en ese aspecto la mano es más útil.

 

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