La otra orilla

miércoles, enero 03, 2007


Todos los días durante un mes, a la misma hora, se sentaba en la esquina de la barra. Era su sitio, nunca estaba ocupado cuando él llegaba. Los primeros días me pedía un café con leche con un acento extranjero (quizá de algún país de Europa del este), me lo pagaba dejándome siempre 10cm de propina y me daba las gracias. El resto de minutos que duraba su visita permanecía allí sentado, saboreando su café con leche a sorbos muy cortos. Nunca decía nada. Solo miraba su taza llena, a medias y luego vacía. Pero al cabo de unos días ya ni me pedía el café y yo se lo servía por culpa de la rutina, de la misma manera que agradecía la propina que yo ya daba por supuesta.

Para mí no era nadie, sólo el cliente del café con leche de las 14:45. Una vez nos quedamos solos en la cafetería y yo, para romper el hielo le dije: "Fíjate, ¿a que todos los días ves el mismo mar?Pues no, siempre es diferente. Aunque lo mires todos los días a la misma hora, nunca lo veras igual, por eso no me canso de mirarlo, porque nunca deja de sorprenderme". Siguió sin decir nada, aunque esta vez levantó la cabeza y la giró para apreciar mi observación.

A partir de ese día, siguió con la misma rutina pero en vez de quedarse cabizbajo, giraba un poquito su taburete para ver el mar. Nosotros seguimos sin mediar palabra hasta que un día, con su acento peculiar me dijo: "Señorita, me marcho". A mi me sorprendió que me avisara porque todos los días se marchaba y no me lo comunicaba, pero él, al ver mi cara de extrañeza, añadió que se marchaba para siempre. Había acabado su trabajo en la ciudad y regresaba a su país. Y luego, lo único que añadió fue: "gracias por su café con leche, por el mar y por su sonrisa". "De nada", le contesté yo sonriendo aunque perpleja. Ya no volvió al día siguiente, ni los días sucesivos hasta hoy.

Yo sigo poniendo los cafes de las 14:45 a la misma gente, pero su taburete sin ocupar deja en el local, o tal vez en mí, un extraño vacío.









2 Comments:

At 11:51 p. m., Anonymous Anónimo said...

Personas que dejan huella, que forman parte de nuestras vidas y que en buena medida la componen.
Qué historia más bonita.
Un beso.

 
At 8:24 p. m., Blogger Mármara said...

Preciosa historia.

 

Publicar un comentario

<< Home