Primeras palabrasNo sé porqué pero nunca consigo que ninguno de mis sobrinos pronuncie mi nombre antes de un año. Además ni siquiera lo pronuncian, simplemente balbucean algún extraño vocablo, de difícil definición, que encima sólo entiendo yo para risa general del resto de la família. Aroa era imposible que pronunciara la "s", así que me llamaba "conco" cuando no era "cuenco"; Pau, perezoso ya en sus inicios, se quedó en "co" y Joel en "sou", no me preguntéis porqué. María optó por el nombre comunitario y nos llamaba a todos "tata" al margen del sexo, edad o cualquier parentesco.
La verdad es que la "o"no es una vocal difícil de pronunciar, pero mezcladas con el resto de consonantes se convertía en una misión imposible para ellos, y yo veía como algo tan sencillo como "Conso" pasaba completamente desapercibido en el maravilloso descubrmiento de las palabras.
Al principio insistía un poquito, entre juegos, en el duro aprendizaje de mi nombre (en diminutivo claro, ni te cuento si insisto con lo de "Consolación") pero me di por vencida con Alba, cuando después de varias sesiones empezó a llamarme "Tonto"...durante varios años. Así que cuando llegaron casi en grupo Candela, Alejandro y Ana decidí no presionarles sobre el tema y que me llamaran como quisieran.
Pero con David a sido diferente, porque tiene una cara de bueno y de simpático que estoy convencida de que haría lo que le pidieras.
Así que ayer, recién cumplidos los dos meses, empecé las clases. Con mucha musicalidad le iba diciendo "tía Conso", lo cual me pareció un poco difícil para la primera clase. Ni siquiera me miró. Opte por el diminutivo y la ubicación "¿dónde está la tía consito?". Aquí sí que reconoció mi voz, pero lo de decir "consito", ná de ná. Insistí, entre arrumacos, unos minutos y como a mi no me gusta la presión psicológica, di por finalizada la primera clase. Eso sí antes de irme le di el último apunte y tocándole la barbillita le dije: "ni se te ocurra llamarme "tonto" como tu hermana, eh!" Y, entonces, por primera vez, sonrió. Y volví a decir lo de "tonto" y volvió a sonreír.
Y allí estaba yo, tonta de felicidad, viendo sus primeras sonrisas...y sin mediar una palabra.

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