SALA DE ESPERA
Esta mañana he ido a hacerme anális de sangre. Armada de paciencia, como debe ser cuando acudes a cualquier asistencia médica de la Seguridad Social, he llegado un cuarto de hora tarde de la que me habían dado en mi "cita previa"o, mejor dicho, "cita relativa". Pese a mi demora, todavía me ha tocado esperar cerca de una hora. Como la experiencia es un grado, ya venía preparada y, tranquilamente me he quitado el abrigo, la bufanda, los guantes y me he sentado a leer el último libro de Paul Auster, "Brooklyn follies".
Ha sido tarea imposible mantener la concentración porque en las salas de espera, la gente se desespera. Al método prehistórico de "usted va detrás de..." había que añadirle la falta de atención de los asistentes, más preocupados en conversar (en dos o tres tonos más elevados de lo que toca) a cerca del tiempo, la lotería de mañana y de los turrones. Menos mal que había una señora de memoria y atención perfecta que se ocupaba de coordinar a las más de cincuenta personas que habíamos en esos 2 metros cuadrados. No se le escapaba ni uno y de recordarle una, dos o trescientas veces "ahora le toca a usted...", "ahora le toca a usted..."
Cuando ya empezaba a meterme en el libro se ha sentado a mi lado una niña de unos 4 años. Me ha mirado y y me ha preguntado:
- ¿Es un cuento?
- ¡ Claro que sí ! ¿ Quieres que te lo cuente?
La niña ha sonreído y me ha respondido afirmativamente, y yo he empezado a explicarle el cuento de una niña que estaba malita y que le tenían que poner sangre en unos tubitos para curarle. Lo que no sabía la niña es que esos tubitos se los llevaban a los reyes magos y si en ellos no había ni una sola lágrima, éstos le traían un regalo especial. La niña me miraba con cara espectante mientras la madre pensaba "ya verás como me toca comprar un regalo más de lo previsto". Poco después de que me llamaran a mí para hacerme la analítica, la han llamado a ella. Cogida de la mano de su madre y ante los mimos de tres enfermeras le han extraído la sangre sin decir ni pío.
Mientras, en la otra camilla, una enfermera me abanicaba porque yo, me había mareado.

2 Comments:
jaja! Parece un cuento de Navidad!
Lástima que no hubiera nadie para contarte alguno a tí. Aunque si la condición era no llorar..puede que recibas algo especial no? Desmayos aparte claro.
Felices fiestas!
justamente ayer una compañera del trabajo me hablaba maravillas del ultimo de paul auster... me lo recomiendas? muy guay el post, ya me parecía a mí que tú debías de escribir bien...
un beso y hasta la próxima! bon nadal!
Publicar un comentario
<< Home