"Paren el mundo que yo me bajo aquí" (Mafalda) El domingo estuve todo el día en Valencia, dormí en Vinaròs y amanecí camino de Barcelona. Ya en la ciudad, desayuné palabras en una cafetería con mucho encanto. Deberíamos desayunar palabras todos los días, es una manera estupenda de comenzar la jornada, sobre todo si la conversación es tan agradable. La rutina que tenía que empezar entonces me obligaba a ir a clase, pero decidí detenerme en una librería (la tentación me puede) cuando estaba de camino. Compré un libro de sintaxis por obligación y uno de Borges por pura devoción. "El libro de arena", una pequeña selección de cuentos que seguro me sabrá a poco. Recibo una media de dos llamadas por minuto, todo el mundo quiere darme la buena noticia: mañana David vuelve a casa. Como con Enma que, disgustada, me suelta todos los problemas que hay en el piso que pago pero que apenas habito. Harta de la mala convivencia me plantea buscar otro más pequeño para compartir a medias. Me parece bien, hoy todo me parece bien. No veo problemas por ninguna parte y planteo el problema desde otra perspectiva más optimista, cosa que le relaja. A partir del mes que viene buscaremos algo habitable y/o económico. Después de las clases de la tarde vuelvo a quedar con Enma para comprar algo de cena y volver a casa. Estoy tan cansada que me quedo frita en el sofá. Me despierta mi hermano para preguntarme cuándo vuelvo a casa. Muy sutilmente me sugiere que debería estar en Vinaròs antes del mediodía. Lo hago, a pesar de disponer de poco tiempo. Llego un poquito después que mi hermana y David. Lo como a besos y le recuerdo que está a régimen de plaquetas. Sonríe. Él, siempre sonríe. Sigo con David mientras mi hermana me organiza toda la semana, que incluye viaje a Valencia, visita a hospitales y ocuparme de las ocupaciones de Alba. No la escucho. Mi cuñada me reclama por otros frentes: el camarero se ha puesto enfermo. Reniego de mi salud de hierro mientras le saco del apuro y me voy a trabajar. No me importa, aunque tengo un montón de cosas que hacer. Cuando llego a casa ya es tarde para todo. Me meto en la cama y me tapo hasta la cabeza. Malditos pies helados. Por cierto, ¿qué día es hoy? Poco a poco me voy alejando de este mundo para entrar el el de Borges. Las letras me arropan y me dan el último beso de buenas noches mientras me quedo dormida. |

2 Comments:
¿Cuándo dices que para, el mundo, para poder bajarme?
"Desayunar palabras", que fantástica expresión. Me la quedo.
¿sabes que yo también me metí en una librería? Borges es fantástico. Espero que le suban las plaquetas. Un besote!
paula
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